La monarquía le debe su permanencia a Letizia Ortiz

Sábado, dos y media de la tarde. Escribo desde el camerino del WiZink Center de Madrid, donde esta tarde a partir de las seis presentaré el Locobongo XXL junto a Xenon Spain. “Es mi primer WiZink”, que diría un artista. Me he pasado la semana ensayando mi número musical –un medley de ‘Pavo Real’ y ‘La revolución sexual’– y he llegado a casa para el arrastre. Tengo muchas ganas, pero a la vez desasosiego en el cuerpo, que es lo que siente todo artista que se precie antes de subirse a un escenario. Pensamientos tipo “seguro que me quedo en blanco con el baile” empiezan a navegar por mi mente, pero sé que una vez que empiece el jaleo no tendré ganas de que se acabe. Vamos, lo de siempre.

Casa Real ha difundido un inusual posado para conmemorar los 20 años de la boda de Felipe y Letizia. La informalidad que desprenden esas fotos me hacen pensar en el aire fresco que supuso la llegada de Letizia Ortiz: la monarquía le debe a ella su permanencia. Entendió que debía someterla a una puesta a punto y consiguió desactivar a los innumerables elementos perniciosos que la estaban destruyendo. A mí me gusta mucho Letizia porque es más de las nuestras que de ellos.

De Joao a Benita

He ido a ensayar y me he encontrado a los de Nebulossa saliendo del suyo. Me han parecido encantadores y les conté la emoción que me produjo verlos actuar en Eurovisión. Regalos que te da nuestra profesión: que te sucedan este tipo de cosas. Poder dar las gracias a quien te ha hecho sentir. También me he emocionado mucho con Joao, que ha decidido iniciar su transición de género. Lo confesó en ‘Baila como puedas’ y se me cayeron algunas que otras lagrimitas al escucharle. Siempre digo que cuando me enteré de que Joao iba a ‘Supervivientes’ pensé “a ver qué hago yo con este”. Pero desde el primer programa me di cuenta de que ahí había una mina. Y no me equivoqué. Tiene calle. De día y de noche. Vida vivida, sufrida, reída y llorada y lo mejor de todo es que la comparte con generosidad. Se ha convertido por méritos propios en un profesional que te ayuda a levantar un programa. Ya tiene escogido su nombre: Benita. Como su madre. Cuántos “Joaos” habrá en nuestras vidas que no se hayan atrevido a dar el paso por miedo, por el qué dirán, por los malditos prejuicios. Siempre contigo, Benita.

Reencuentros de ‘Sálvame’

Son las diez de la mañana del domingo y todavía estoy recomponiéndome en la cama. De los diez mil pasos que me obligo a dar al día hoy no creo que llegue a los quinientos. Cómo disfruté ayer. En el camerino mientras nos preparábamos con Xenon, que es una compañera generosa. Reencontrándome con Mónica Naranjo, a la que hacía muchísimo tiempo que no veía. Es una mujer muy especial: cariñosa, afectuosa. Diva en el escenario, cercanísima cuando se baja de él. Coincidí también con dos currantas del espectáculo: Merche y Melody. Pasan los años y ahí siguen. Entregándose en cada actuación y, sobre todo, remando siempre a favor de obra. Pasé un rato muy emocionante con Nebulossa en su camerino. Encantadores. Mery tiene un punto de vulnerabilidad que te dan ganas de abrazarla continuamente.

El público se entregó tantísimo con su actuación que ella acabó al borde mismo de la lágrima. Eso lo vi yo con estos ojitos míos que se han de comer la tierra. Y luego, como gran colofón, muy feliz por volver a ver a mi familia. A Lydia Lozano, Chelo García-Cortés y Bárbara Rey. Forman parte de mi vida y era para vernos en el camerino compartiendo nuestras historias y dándole al pico como si no hubiera mañana. Lo que hablamos se queda entre nosotros pero ya os podéis imaginar por dónde fueron los tiros. Un popurrí muy suculento. Lydia bailó el chuminero, Bárbara y Chelo rememoraron su noche de amor y luego me uní a ellas para un beso a tres. Qué menos. A mí me colocaron plumas y boas para cantar el ‘Pavo Real’ y luego me quedé en body para ‘La revolución sexual’, que hay que tener poca vergüenza para salir así vestido. Pero salí. Porque el escenario, detrás del maquillaje y un vestuario exagerado, se convierte en ese lugar mágico donde no existen los prejuicios. Los que lo han probado lo saben: la vida es mucho más entretenida encima de una tarima.

Artículo original en Lecturas.