«Victoria Federica no tiene nada que contar y no destaca por su simpatía»

CANVA

Para empezar: me emocioné con la actuación de Nebulossa en Eurovision. Debí ser de las pocas personas que veía el festival solo en su casa, porque por las redes vi que se organizaron un montón de quedadas. Pero ahí estaba yo anclado en mi sofá, y cuando escuché al estadio cantar al unísono “Soy más zorra todavía” se me llenaron los ojos de lágrimas. Nuestra representación estuvo estupenda y Mary resolvió muy por encima de las expectativas. Luego me puse a ver ‘Mi reno de peluche’ en Netflix –porque me satura tanta actuación seguida– y conecté de nuevo para las votaciones, que me daban igual porque para mí España ya había triunfado. Ya había puesto su “pica en Flandes”, que es un recurso que seguro que utiliza Vicky Martín Berrocal. Aquí quería llegar yo. 

Los clichés de Vicky 

Vicky Martín Berrocal me cae bien a pesar de ser Vicky Martín Berrocal, que ya es difícil. Resulta anacrónica su perenne vena dramática, más propia de una función de los Álvarez Quintero que de una mujer del siglo XXI. Para entendernos: si hubiera hecho teatro, Nuria Espert a su lado sería Lina Morgan. Es una incansable repetidora de los tópicos más rancios de nuestro país, tanto que cuando Candela Peña fue a su podcast le dijo “que los hombres se vistan por donde quieran”, porque Vicky es de las que sostienen que deben hacerlo por los pies. En algún momento la he escuchado hablar de los hombres “en mayúscula”, que deben ser lo opuesto a lo que El Fary –otro gran pensador– catalogaba como “hombres blandengues”.

Vicky es muy propensa a pronunciar con una mezcla de voz grave y hueca esas máximas que se leen en los libros de autoayuda que te compras deprisa y corriendo en un aeropuerto. Yo creo que piensa que dándole empaque vocal la cosa suena más interesante, pero no. Es de las que mantiene que ahora no hay libertad –¡oh, sorpresa!– y asegura que es amiga de su hija. A mí, “inter nos” que diría Carmen Sotillo en ‘Cinco horas con Mario’, las madres que van de amigas de sus hijas me producen mucho repelús. Por escribirlo finamente. Pues pese a todo esto, Vicky Martín Berrocal me cae bien. ¿Y por qué? Porque estoy convencido de que es buena tía y eso hace que todo lo demás sea secundario. 

Foto de Beatriz Velasco/WireImage

Victoria Federica y la nada 

Vicky Martín Berrocal tiene un podcast y he visto varios episodios. La conversación que tuvo con Candela Peña es de las mejores de toda la gira promocional que hizo la actriz por ‘El caso Asunta’. Candela se entregó y Vicky estuvo muy bien porque se dio cuenta de que cuando tienes delante a una persona en estado de gracia lo mejor que puedes hacer es cederle todo el protagonismo. Otra cosa bien distinta ha sucedido con Victoria Federica. Ahí ya lo tenía muy difícil Vicky porque es complicado salir indemne de una situación así. Lo mejor: que ha conseguido sentarla en su podcast. Lo peor: todo lo demás.Vicky Martín Berrocal es una mujer educada y por ello desea que su invitada se sienta cómoda en todo momento. De ahí que por no incomodar a Victoria Federica la charla se va marchitando a medida que pasan los segundos porque la niña –que es como se llama a sí misma la muchacha– no tiene nada que contar. Es un gran error exponer a alguien como Victoria Federica. No es una mujer que salga de ‘OT’, que te puede hablar de la pasión que siente por la música o de la inseguridad que le provoca su profesión. Tampoco es una deportista que lucha por labrarse un futuro.

No. Victoria Federica es, según definición propia, “una niña que quiere comerse el mundo”. Ya, pero ¿haciendo qué? Hasta la fecha sus credenciales son el amor que siente por el rey emérito y la pasión por los toros, dos elementos que la sociedad mira con recelo. La viscosa sombra de la corrupción se cierne sobre la figura de su abuelo y los toros provocan mucho rechazo, pese a que los nostálgicos hagan cada vez más ruido para intentar hacernos creer que la amplia mayoría de los españoles está a favor de un acto ligado a la tortura y al maltrato. Me he visto la conversación de Vicky con Victoria Federica un par de veces y ha habido pasajes en los que pensaba: “Me gustaría saber no ya en qué mundo viven estas dos personas, sino en qué calle”. Son elementos muy propios de una parte de la sociedad de Madrid que debe provocar fascinación en cierto sector de la población porque desean pertenecer a ese reducido universo.  

Pura ciencia ficción

Solo así me explico que haya marcas que paguen a Victoria Federica. Porque hay chicas que, no es que quieran ser como ella, sino que quieren pertenecer a su mundo. Cuando ese mundo se distingue precisamente por no dejar entrar a nadie que no haya nacido en él. Como producto, es un error que Victoria Federica haga entrevistas. Le conviene el silencio y fomentar el misterio. Para ella, la televisión es su enemigo. No tiene elementos a los que agarrarse para soportar una entrevista y tampoco destaca por su simpatía. Cuando le dice a Vicky que de su familia admira sus valores pienso inmediatamente que será los que tenga invertidos en bolsa. En fin. De toda la charla me llegó al alma ese momento en el que Vicky Martín Berrocal declaró que amaba a la infanta Elena y también a Froilán.

Ya no sé si dijo que los quería o que los amaba, no me voy a ver la entrevista por tercera vez. Pero conociendo la intensidad de Vicky me inclino más por lo segundo que por lo primero. Amar a la infanta Elena y a Froilán debe ser el primer mandamiento de todo ser humano que aspire a ser denominado “Gente de bien”. Este podcast con Victoria Federica está muy cercano a la ciencia ficción. No das crédito a lo que ves. Es como leer una novela protagonizada por personajes de un mundo que está en vías de extinción. Proust en YouTube. 

Artículo original en Lecturas.