«Rosa Benito no quería coincidir conmigo, pero al final nos dimos un abrazo»

GTRES

Me siento en el plató de ‘¡De viernes!’ y me encuentro con que el equipo me ha preparado una serie de vídeos en los que se recogen imágenes que deben tener ya veinte años. Nota: los vídeos están hechos con mucho cariño. También lo siento por parte de los presentadores –Bea Archidona y Santi Acosta– y los colaboradores. En el programa trabajan compañeros muy queridos no solo de ‘Sálvame’; con algunos ya coincidí en ‘Aquí hay tomate’. Muchísimos años de nuestra vida profesional juntos. Ojalá que volvamos a encontrarnos. Como acabo de escribir, algunos de los vídeos tienen más de veinte años. No soporto verme, me muero de la vergüenza. César dice que lo mío con ese asunto ya es patológico. Tiene que ver con la inseguridad. Raras veces me veo bien en pantalla. Tampoco en fotos. El principal problema: los kilos de más. Ahora los tengo un poco más controlados pero había épocas en las que no me daba cuenta de que me sobraban.

Uno se acaba acostumbrando a la imagen que ve en el espejo hasta que un día te encuentras diciéndote “pero ¿cómo te has puesto?”. Aunque, fíjate, a mí me ha provocado más intranquilidad la delgadez que la gordura. Porque en mi caso los kilos de más me los quitaba haciendo dieta y el proceso era agradable. Veía progresos. Pero una vez que estaba delgado mantener la línea me resultaba más costoso, más sacrificado. En fin, “penas de señorito”, que diría mi Mila. Durante la entrevista se repasan algunos momentos de mi vida y me doy cuenta de que ahora no estoy para meterme en conflictos. Creo que tiene mucho que ver con el descanso. Cuando te metes en la dinámica del programa diario la adrenalina campa a sus anchas, el cuerpo te pide guerra y, al menos yo, disfrutaba metiéndome en cualquier charco que se me ponía por delante. Cuando no existía lo provocaba porque si no me aburría.

Me ha costado lo mío disfrutar de la tranquilidad, le pasaba lo mismo a Mila. Otra vez Mila. Siempre necesitaba un hueso con el que entretenerse porque la vida se le quedaba pequeña. Yo era igual pero estoy empezando a reparar en cosas que antes daba por supuestas. Agradezco poder ducharme con agua caliente. Dormir en una cama con sábanas limpias. O hablar con mi madre cuando la llamo, siempre y cuando no esté paseando a su Nina. En ‘¡De viernes!’ me ponen imágenes del día que me dieron el Ondas y acabo diciendo que me gustaría poder charlar con Barceló y con Francino. Estaría bien cerrar esa historia para que el día que me vuelvan a preguntar por ella pueda decir que hemos hablado y que está todo arreglado. Han pasado ya quince años, ya es hora de que le demos una vuelta de tuerca al guion. Se lo debemos a nuestro público.

La sonrisa de Rosa

No sé de quién es la frase pero me gusta: “La receta para la felicidad es buena salud y poca memoria”. Veo a Rosa Benito en el plató de ‘¡De viernes!’ y lo primero que se me viene a la cabeza son los años que vivimos juntos en ‘Sálvame’ y su victorioso paso por ‘Supervivientes’. Ella no estaba muy por la labor de coincidir conmigo pero al final acabamos dándonos un abrazo. Cuando Rosa Benito se pone en plan Rosa Benito es un personaje televisivo de primera línea. Su sonrisa cuando le recordaba los maravillosos años en ‘Sálvame’ tenía connotaciones borgianas: “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos”. 

Nunca digas nunca

He aprendido que en televisión –no sé si en otros trabajos– lo mejor que puedes hacer es no pronunciar la frase “Yo nunca”, porque a la semana siguiente ya estás arrepentido. Cuántas veces habré dicho yo “nunca más volveré a entrevistar a este personaje” y a los pocos días verme en la obligación de suplicarle para que acudiera a un programa porque no teníamos invitado que llevarnos a la boca. Dicho esto, creo que no me gustaría presentar un programa de corazón por algún tiempo. El género me entretiene mucho como espectador pero como profesional tendría que enfrentarme a un gran problema para llevarlo a cabo: hoy, me lo creo casi todo. Y así no hay manera. Porque los personajes, como los políticos, tienden a colártela en cuanto bajas la guardia. Lo mismo que algunos tertulianos que hablan de política, pero a esos los tengo más calados porque llevo muchas horas de entrenamiento frente a la tele.

La regla de oro para desnudarlos es seguir el rastro del dinero. Es un juego entretenido: escarbas un poquito y ¡bingo!, encuentras que de una manera u otra están a sueldo de un partido político. También te digo que una vez que conoces las normas escucharlos resulta muy plúmbeo porque todo es demasiado previsible. Pasa también con algunos tertulianos del corazón, que conste. Sacan la cara por un personaje u otro porque hay negocio detrás. Ha pasado siempre. Yo estoy a favor de que cuando hay intereses económicos de por medio se sepa porque si no la profesión apesta que da gusto. Si eres consciente, apesta igual, pero lo llevas mejor porque al menos tienes la sensación de que no te están tomando el pelo. 

Cati necesita reposo

El jueves operaron a Cati de una pata. Desde entonces la tenemos en una jaula para que pueda seguir a rajatabla el reposo que le han prescrito. Verla enjaulada me parte el alma. Tiene que estar así cuatro semanas. La sacamos de vez en cuando para airearse y cuando la volvemos a encerrar me pongo triste. P. dice que es una cachorra y que se adaptará, pero no sé yo. Además es que nos ha salido inquieta, así que hay aguantar el tirón y no sucumbir a sus lamentos. Se me hace difícil la cosa cuando me mira. Acabo de caer que siempre que hacemos algo por el bien de alguien hay sufrimiento de por medio. Menuda paradoja.

Artículo original en Lecturas.